La cita a ciegas que se había cancelado al fin se dio. El 14 de febrero, el día más trillado del universo. Pensé que las cosas serían incomodas y extrañas. Primera cita, catorce de febrero, no suena a buena combinación. Al final las cosas salieron muy bien. Platicamos toda la noche, de esto y aquello.
Hacía tanto que no tenía una primera cita que ya no recordaba cómo comportarme. No recordaba que hay que esperar.
Una semana después el sujeto estaba invitado a la celebración de cumpleaños de una de mis amigas. Fue la cosa más extraña. Ellas lo invitaron. Así que ahí estaba yo, entre mis amigas, cada una con su novio...y yo con este sujeto. Fue extraño, me sentí como si hubiera llevado a un niño conmigo. Tenía que estarlo distrayendo, porque claro está, él no conocía prácticamente a nadie. Al final de la noche fuimos a cenar y nos besamos.
El beso no me desconcertó. El beso estuvo bien, fue natural e inocente. El problema llegó cuando él abrió la boca para decir "Entonces, ahora si es oficial".
Histeria, pánico y pandemónium fue lo que corrió por mis venas, invadió mi cerebro, aceleró mi corazón y me dio un escalofrió. Me vino a la mente aquel ex novio, bueno más bien a su teléfono porque batallaba horrores para poder verlo. Aquel engendro hizo también aquella declaración después de nuestro primer beso. La reacción de mis amigas cuando les conté fue la misma que la primera vez "¿Dónde más encuentras a un hombre que después del primer beso diga que son novios?"
Pues yo ya me encontré con dos.
En este caso le dije, dos días después que quería salir con él. Que quería conocerlo, que no saldría con nadie más, pero que no quería el compromiso tan de pronto.
Al final de cuentas todo trono en un mes. Después de haber conocido a su familia, sus amigos. Después de que a las dos semanas de haberle dicho que quería sólo salir con él me preguntara "Entonces, ¿Necesitas más tiempo?".
¿Por qué será que no entendemos que entre más apriete uno más se escabulle el otro? Lo único que logró con sus preguntas y cursilerías fue que me diera pánico. Ah, y que buscara a mi alrededor por aquellos pretendientes con los que no llegué a nada, o a nada serio y los quisiera más cerca.
Ahora vuelvo a ser soltera, y como siempre, le agarro gusto bastante rápido. Eso de no tenerse que reportar, de no tener que avisar de planes previos, tener que estar disponible.
Ya llegará el hombre que me haga agarrarle gusto a ese asunto de tener novio. Uno que me quite la flojera de llamarlo, de avisarle de mis planes, de depender un poco de él y tener mis detalles cursis. Por lo pronto, habrá que buscar, ¿Qué no?
