Cuando me acuerdo como ese día me tenía tirada en el piso, su pie sobre mi (entonces) planisima panza, me dan ganas de morderlo. ¿Como es posible que no me diera cuenta? En mi infinita estupidez, pensé que era sólo una prueba del cariño que le tenía, de la confianza y las risas que seguiríamos compartiendo por años y años despues de eso.

En realidad no fué sino una profesía. Te pisan una vez, te pisarán por siempre. Literal o figurado, es verdad.

Cuando me buscó porque había terminado con aquella novia posesiva, supuse que sería para hablar. Aún así no pude evitar arrglarme, claro está. En fin que ya sabemos que las cosas que pasaron no debieron haber pasado. Que el no estaba preparado y yo tal vez tenía mucho tiempo esperando que pasara aún cuando nunca lo había podido admitir. Que cuando el se desapareció mi infinita estupidez le ayudo de nuevo y me hizo pensar que volvería. Me hizo pensar que me diría, nos apresuramos, no quiero lastimarte, quiero que sigas siendo mi amiga.

Me daba coraje que no se comunicara, que no volviera. Habia sabido como tocarme, como besarme. No que llegaramos lejos, pero que deliciosa forma tenía de besarme, de tocarme, de abrazarme...

No se reporto en casi un año. Cuando por fin hablamos, había sustituido a su novia posesiva. Se supone que la nueva tipa es más normal. Sólo me hubiera gustado una explicación.

Pero, el ego es traicionero, al igual que las hormonas y los recuerdos. Me llamó en la madrugada. Casi hace un año de que me habló en la madrugada aquella vez. Según él para agradecerme el mensaje que le mande por su cumpleaños. Había sido la primera en felicitarlo, sin contar a los amigos con los que habia salido a ponerse una de aquellas. De nuevo, estaba borracho, faltaban dos dias para su cumpleaños. Me dijo las cosas mas horriblemente hirientes que me hayan dicho en la vida. No es que me dijera puta o algo así, pero su coqueteo alcoholizado, sus comentarios alusivos a lo que pasó entre los dos como si quisiera repetirlo, ah como lastimaron. Debí haberle colgado. Lo peor es que me preocupaba porque andaba borracho. Me llamó a la mañana siguiente, se acordó que me habñia marcado, ¿Que tanto me había dicho? Es que no recordaba.

Hablé con él. Le dije como me había hecho sentir, su reacción: ¿Lágrimas de cocodrilo? Me importa muy poco si no lo fueron, así se sintieron. Prometió no hacerlo de nuevo. Pero es que sólo borracho junta huevos para llamarme. Chingaderas. Le dije que cuando encontrara forma de seguir en contacto, no le cerraría la puerta...la verdad, ya no estoy tan segura.