Cerrando puertas y ventanas
A veces quiero decirle adiós. Pero algo en mi se revela y me controla. Cierro la puerta...pero abro las ventanas, cortinas y todo.
Le puedo echar la culpa a tantas cosas. Pero he decidido culpar sólo a una, mi amor por lo comercialmente romántico. Me da la patética y enfermiza esperanza de que en el fondo el me quiera (de alguna manera no pretendo tanto como que me ame). Me hace soñar despierta con como llegaría con un ramo de flores, con chocolates, hasta con las manos vacías a sorprenderme, tomarme de la cintura con aquellas manos que me acariciaron y darme un apasionado beso. Con eso se solucionaría todo, ¿Que no? Perdonaría...no, olvidaría de sus llamadas, ebrio en la madrugada, de cómo me hizo sentir estúpida, usada, inútil. Lo olvidaría todo... ¿Será que puedo?
Algo me dice que no podría, así como no lo puedo echar de mi vida por completo, así no podría olvidar lo que ha pasado. No podría olvidar como me hizo sentir estúpida, usada, inútil, que no merecía el amor de ningún hombre, que estaba condenada a sentir algo siempre por algún hombre imposible. Tendría que arrancar tantas noches de mi memoria, tantos detalles, sería deshacerme de un pedazo de mi vida. Sería quemar los cadáveres de las ilusiones que mató. ¿Mutilaría mi vida por él?
¿Porque será que ahora corro a cerrar las ventanas que dejé abiertas? No es la lluvia la que me asusta, es perder mi tiempo escribiendo de él, con esperanzas vacías y pintadas de rosa, dejar que mi vida se inunde de dudas y problemas. De pronto tiene más sentido matar el sentimiento, despintar el rosa de los recuerdos y revelar lo oscuro de la realidad que viví con el.
